¿Qué significa servir al Señor? esta es una pregunta que muchos jóvenes pueden estar pensando, ¿sera estar en algún ministerio, servir en la iglesia o hacer parte de una organización de ayuda a otros? lee este artículo acerca del tema:
Pregunte al creyente promedio cómo él o ella está sir- viendo al Señor, y probablemente le hablará de un ministerio específico en el que la persona está participando: «Yo sirvo al Señor en el ministerio de los jóvenes»; «Sirvo al Señor en el ministerio de la música»; «Sirvo al Señor como director del ministerio de los padres solteros». Usted ya ve lo que quiero decir. Durante diecisiete años yo le hubiera dicho que estaba sirviendo al Señor en el equipo ministerial de la Iglesia Comu- nitaria Willow Creek. Al parecer definimos «servir al Señor» como algo que nosotros hacemos en un lugar y tiempo especí- ficos, un acto de servicio que llevamos cabo para el Señor. Pero esta es una comprensión superficial e inexacta (herética) de nuestro servicio a él.
Ya he explicado que Dios es siempre el dador (el benefactor). Debe ser así, porque los dadores son los que reciben la gloria. «Hacer algo para Dios» le convertiría a él en el bene- ficiario, lo cual es problemático. En realidad el servicio que hacemos no es para él, sino más bien de unos para otros. La persona que sirve en el ministerio juvenil está proveyendo un servicio a los estudiantes. Aquel que sirve en el ministerio de la música está haciendo algo a favor de aquellos que escuchan la música. Y así sucesivamente. Como miembro de un equipo ministerial, mi servicio era para el beneficio de los miembros de la iglesia.
Escuche cuidadosamente las palabras de Pedro: «Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido». De mane- ra que los dones espirituales que Dios ha distribuido a cada uno son en verdad para ser usados en el servicio al cuerpo de Cristo. Pablo afirma esta verdad cuando dice: «Más bien sírvanse unos a otros con amor» (Gálatas 5:13). Y también en estas palabras: «A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás» (1 Corintios 12:7).
Más aún, si nosotros pudiéramos reducir el servicio al Se- ñor a un acto ejecutado en un tiempo y momento en particular, entonces surgiría la pregunta: ¿A quién está sirviendo cuando deja de ejecutar esa acción? ¿Cesa usted de servir al Señor cuan- do deja el ministerio de los jóvenes, o el de la música, o el mi- nisterio de los padres solteros, o en cualquier contexto en el que usted está llevando a cabo obras de servicio? Obviamente no. Servir al Señor, entonces, debe significar…
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