
Te invitamos a leer y reflexionar en este devocional acerca de compartir y dar a otros de lo que Dios nos ha permitido tener. Esperamos que te sea de gran ayuda.
“Un reportero le preguntó a un agricultor si podía contar el secreto de su maíz, ya que año tras año ganaba el premio al mejor producto de toda la zona.
La respuesta del agricultor fue totalmente inesperada:
— “Comparto mi semilla con los vecinos”.
—”¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso todos los años?” preguntó asombrado el reportero.
—”Verá usted, señor,” dijo el agricultor. “El viento lleva el polen del maíz maduro, de un sembradío a otro. Si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga”.
“Pero los generosos proponen hacer lo que es generoso y se mantienen firmes en su generosidad”.
Qué lección tan extraordinaria y digna de ser aplicada a nuestras vidas. Por lo general nuestra reacción al recibir las bendiciones de Dios es la de guardarla, disfrutarla, que nada ni nadie nos la arrebate, sin embargo, las bendiciones que recibimos a diario de Dios no nos han sido dadas para guardarlas en preciosas cajas fuertes solo para nuestro provecho. ¡No! Dios quiere bendecirnos, abundantemente para que seamos como verdaderos canales de agua fresca, que riegue las vidas de quienes estén alrededor nuestro.
“Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra que compartir con otros”. 2ª Cor.9:8
Dios ha prometido darnos para que tengamos todo lo necesario y para que podamos compartir y dar a otros. Debemos sacar fuera todo temor de empobrecernos por el hecho de compartir y dar de lo que hemos recibido.
Dios nos bendice para que comprobemos que hay mayor alegría y satisfacción al dar que recibir. Él quiere usarnos para alcanzar incluso a aquellos que no le conocen, ni creen en él. En un mundo donde cada día hay menos personas dispuestas a dar, a compartir y a sacrificarse por los demás sin recibir nada a cambio, el dar es un testimonio del amor de Dios en nosotros muy poderoso.
Queremos ver cambios, que los gobiernos nos arreglen la situación, que erradiquen la pobreza y la injusticia… Pero el cambio debe partir en nosotros, sembrando la mejor semilla y permitiendo que el viento del Espíritu Santo sople polinizando corazones y las vidas de nuestros vecinos, sólo así lograremos tener “éxito en las cosechas de nuestras vidas”, conoceremos la verdadera paz, sentiremos gozo… y daremos gloria a Dios por su infinita gracia.”
Por Patty Marroquín
Fuente | Especialidades Juveniles Chile
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