Las historias de Marta y María nos muestran dos mujeres reales, con preguntas, preocupaciones, emociones y una relación con Jesús que fue creciendo a través de diferentes experiencias.
El recurso “Marta y María” reúne cuatro estudios bíblicos que permiten acompañar a adolescentes y jóvenes en temas fundamentales para su vida espiritual: prioridades, fe, esperanza y amor.
No se trata simplemente de comparar a dos hermanas o decidir quién actuó mejor. A través de sus encuentros con Jesús, los jóvenes pueden descubrir qué significa darle a Dios el lugar correcto en medio de sus ocupaciones, confiar en Él cuando las circunstancias parecen difíciles, mantener la esperanza cuando no entienden lo que está ocurriendo y aprender a expresar un amor genuino hacia Cristo y hacia los demás.

Primero lo que realmente importa
La primera lección lleva a los jóvenes a la conocida escena de Marta y María recibiendo a Jesús en su casa. Marta estaba ocupada sirviendo, mientras María decidió permanecer cerca de Jesús.
El punto de la historia no es enseñar que servir o tener responsabilidades sea incorrecto. El propio material enfatiza que Jesús no critica el trabajo de Marta. El problema aparece cuando las ocupaciones, preocupaciones y responsabilidades llegan a distraernos de aquello que es más importante: nuestra relación con Dios.
Educación, familia, proyectos, amistades, estudios, ministerio y sueños pueden ocupar rápidamente el corazón de un adolescente o joven. Esta lección abre una excelente conversación sobre prioridades y les permite preguntarse: ¿qué lugar ocupa realmente Jesús en mi vida?
El estudio conduce además a Mateo 6:33 como un recordatorio de buscar primeramente el Reino de Dios.
Una fe que aprende a confiar
Las historias de Marta y María también permiten hablar de una fe que debe mantenerse cuando las respuestas de Dios no llegan de la manera o en el momento que esperamos.
Para muchos jóvenes, creer en Dios cuando todo está bien puede parecer sencillo. El desafío aparece cuando oran y no ven una respuesta inmediata, cuando viven una pérdida, enfrentan una decepción o atraviesan situaciones que no comprenden.
Por eso, trabajar la fe desde estas historias permite llevar la conversación más allá de “creer que Dios existe”. Se trata de aprender a confiar en quién es Dios aun cuando no entendemos lo que está haciendo.
Esperanza cuando parece demasiado tarde
Otra de las grandes enseñanzas de la vida de estas hermanas surge alrededor de la muerte de Lázaro. Allí aparecen el dolor, las preguntas y aquella sensación tan humana de pensar: “Señor, si hubieras estado aquí…”.
Para adolescentes y jóvenes que también atraviesan pérdidas, cambios, frustraciones o sueños que parecen haberse terminado, esta historia ofrece una verdad poderosa: Jesús sigue siendo nuestra esperanza aun cuando las circunstancias parecen definitivas.
La esperanza cristiana no significa negar el dolor ni fingir que todo está bien. Significa aprender a mirar nuestras circunstancias desde la perspectiva de quién es Cristo.
Un amor que se expresa
La última lección conduce hacia el amor. Después de todo lo vivido, la relación de Marta y María con Jesús no permanece solamente en palabras o conocimientos; se expresa en acciones.
Eso permite desafiar a los jóvenes a preguntarse cómo se ve realmente su amor por Cristo.
Porque amar a Jesús no consiste únicamente en cantar una canción, asistir a una reunión juvenil o decir que somos cristianos. Ese amor comienza a verse en nuestras prioridades, decisiones, generosidad, obediencia y manera de relacionarnos con otros.
¿Cómo pueden usar este recurso los líderes?
Esta serie puede funcionar muy bien como un proceso de cuatro encuentros, utilizando cada tema para explorar una dimensión distinta de la vida espiritual del grupo:
- Prioridades: ¿Qué está ocupando el primer lugar en mi vida?
- Fe: ¿Confío en Dios únicamente cuando entiendo lo que está pasando?
- Esperanza: ¿Dónde busco seguridad cuando las cosas salen mal?
- Amor: ¿Cómo se demuestra en la práctica mi amor por Jesús?
Una de las fortalezas del material es que no presenta las historias únicamente para que los jóvenes las escuchen. Incluye actividades que los llevan a ponerse dentro del relato, imaginar las emociones de los personajes, dialogar, estudiar la Biblia y responder personalmente.
Por ejemplo, en la primera lección los jóvenes pueden asumir los papeles de Marta, María y Jesús y escribir los acontecimientos desde la perspectiva de cada personaje. Después comparan sus impresiones y conversan sobre lo que posiblemente estaba sintiendo cada uno.
Ese tipo de dinámica ayuda al líder a pasar de la pregunta tradicional de “¿qué ocurrió en esta historia?” a preguntas mucho más profundas:
¿Qué revela esta historia acerca de Dios?
¿Qué revela acerca de nosotros?
¿Dónde me veo reflejado?
¿Y qué debería cambiar en mi vida después de conocer esta verdad?
También puede ser muy útil observar las respuestas de los jóvenes durante las conversaciones. Algunas de sus opiniones pueden revelar ansiedad, heridas, dudas sobre Dios, prioridades desordenadas o luchas que probablemente no expresarían directamente.
El objetivo final no es que los jóvenes terminen las cuatro lecciones sabiendo más cosas sobre Marta y María.
Es que, al observar cómo ellas conocieron a Jesús en diferentes circunstancias, los jóvenes también puedan descubrir cómo caminar con Él en medio de su propia historia.


