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Hemos compartido recursos acerca de las misiones y la vida misional que los seguidores de Cristo debes vivir, hoy nuevamente te invitamos a leer esta reflexión escrita por enmanuel Espinosa, acerca de llevar las buenas nuevas a los países y personas que aún no conocen de Jesús y su sacrificio para su salvación.

Estábamos de visita con unos misioneros en un pueblo no alcanzado en un continente muy lejano de casa en donde, lógicamente, no hablan español. Mientras caminábamos por una aldea, se acercaron a nosotros unos jóvenes que, al ver nuestra apariencia, nos preguntaron de donde éramos «De México» contesté. Y como si hubiera encontrado a un pariente lejano, me miró con una sonrisa, abrió más los ojos, me apuntó un dedo a la cara mientras movía la muñeca de arriba a abajo, y dijo muy fuerte y emocionado, con un español perfecto: ¡María la del barrio! Me abrazó y, con el deficiente inglés de los dos comenzamos a hablar de futbolistas, equipos y otros programas de televisión. Él me preguntaba cómo era México y yo le preguntaba por su familia. En cuestión de minutos nos conocimos y hasta me invitó a su casa. En ese y en otros viajes que hemos hecho a países no alcanzados, me he dado cuenta de la gran realidad de que a los latinoamericanos nos aprecian en la gran mayoría de naciones del mundo.

Aunque yo nací y crecí en México viendo necesidad y pobreza, lo que vi en este país africano no se parece a lo que vivimos en Latinoamérica. Hay demasiado desempleo, analfabetismo, a la mujer no se le valora social o económicamente, entre muchas otras cosas. Pero más allá de la pobreza física, está lo peor: la pobreza espiritual, pues no saben del Salvador del mundo que murió y resucitó por la humanidad para darnos vida eterna: Jesucristo Es impresionante y doloroso ver que en muchos de estos países saben de nuestros futbolistas, novelas y artistas latinoamericanos, pero no saben de Jesús. Ni siquiera es que lo rechazan sino que, simplemente, no saben porque nadie les ha dicho. ¡Nadie!

Nuestro viaje a África alteró profundamente nuestros planes familiares, ministeriales, financieros y nuestra agenda. Regresando de allá nos dimos cuenta de la manera egoísta en que vivimos en los países «evangelizados», donde, esclavos del consumismo y esclavos de nuestros sueños (los cuales muchas veces ni vienen de Dios sino de compararnos con otros), solo nos hemos enfocado en nosotros mismos. Ese proceso en el que Dios nos ha llevado a mí y a mi familia ha sido lo más emocionante que jamás hemos vivido. Pero hay algo más valioso de lo que nos hemos estado dando cuenta: Que hay todo un ejército misional por levantarse en el pueblo latinoamericano, en los hispanos de Estados Unidos y en los del mundo entero.

En cada ciudad que visitamos hay iglesias que están poniendo en acción el amor que han recibido de Dios. Discipulan, oran por naciones, dan de comer al hambriento, envían y van. Son iglesias que no están esperando que la gente llegue a ella sino que están siendo la iglesia en donde Dios los ha puesto y más allá.

También hay personas respondiendo al llamado de ir y otros tomando la responsabilidad de enviar (aunque los resultados no sean tan «románticos» sino a largo plazo). Es definitivamente el tiempo de los latinoamericanos para las misiones mundiales.

Yo estoy muy agradecido por nuestros hermanos de Estados Unidos, pues fue una nación que bendijo y sigue bendiciendo a nuestros pueblos, ya que muchos de nosotros somos producto, directo o indirecto, de algún misionero que, dejando su comodidad y dando los mejores años de sus vidas o sus vidas mismas en nuestros países, dijeron: «No está bien que nosotros sepamos de Jesús y ellos no» y trajeron el evangelio de Jesús a nuestras naciones obedeciendo el llamado de Jesucristo. Pero aunque Dios sigue usando a nuestros hermanos anglosajones, hay una realidad latente: Uno de los pueblos que Dios usará para alcanzar a las naciones que no le conocen es el pueblo latinoamericano. ¡Es el ejército que está por despertar!

El corazón de Dios late por los que no le conocen, y con todo mi amor quiero hacerte esta pregunta que yo he tenido también que contestar:¿Qué hace latir el tuyo? Te invito a ser de los verdaderos adoradores que llevarán el amor de Jesús haciendo discípulos desde su Jerusalén hasta lo último de la tierra. ¡Es nuestro tiempo!

¡Hasta que todos le adoren!

Fuente | Líder Juvenil

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