Una reflexión para esta semana que puedes compartir con los chicos y chicas que acompañas:
En la adolescencia, cuando los hijos dejan de ser niños y buscan la independencia de los padres se vuelven rebeldes, reacios a obedecer sus órdenes y hacer lo que ellos les piden, No logran entender que lo que ellos en realidad persiguen es lo mejor para su vida.
Pero seamos honestos, aunque ya no seamos adolescentes, en general, no nos gusta recibir órdenes, ese “espíritu independentista” nos persigue hasta viejos.
Dios, nuestro Padre celestial, tiene grandes planes para nosotros y espera que los llevemos a cabo siguiendo sus instrucciones. En el trayecto, no nos deja solos, él mismo se encarga de darnos las instrucciones necesarias para alcanzar con éxito nuestra tarea, pero ese espíritu adolescente rebelde que llevamos dentro sale a flote para salirse con la suya.
1ª Samuel 15 nos habla de Saúl, un hombre quién a pesar de no tener muy en alta su estima fue nombrado rey para gobernar al pueblo de Israel. Dios le dio instrucciones precisas para conquistar, exterminar y raer de la tierra a sus enemigos, pero a él no le gustaron esas órdenes, y decidió poner en marcha su plan, obedeciendo a medias, guardándose algunos “trofeos de guerra”, (incluida la vida de su enemigo y su mejor ganado), considerándolos demasiado valiosos como para deshacerse de ellos.
La “media obediencia”, o sea considerar las cosas o personas más importantes que obedecer a Dios tiene un costo altísimo. Saúl no sólo fue sacado del trono, él se arrepintió de haberlo elegido como rey y lo rechazó (1 Sam.15:11).
¿Y qué tan malo tiene el no hacer las cosas al pie de la letra? ¡Mucho! Desobedecer a Dios y hacer las cosas a nuestra manera es nuestro peor acto de rebeldía y arrogancia, ¡es como si un hijo rebelde le levanta la mano a su papá!
“A Dios le agrada más que lo obedezcan, y no que le traigan ofrendas. Es mejor obedecerlo que ofrecerle los mejores animales. Rebelarse contra Dios es tan malo como consultar a brujos y a adivinos. No está bien adorar a dioses falsos, ni tampoco desobedecer a Dios. Como tú no quieres nada con él, Dios tampoco quiere nada contigo”. 1ª Sam.15:22-23
¿Nos está pidiendo Dios algo específico? ¿Hay alguna relación, algún hábito o actividad a la cual debemos renunciar y aún no lo hacemos? ¿Tenemos escondido algún “botín de guerra” para sustituir el plan perfecto de Dios?
¡Cuidado! No hay nada ni nadie más valioso que Dios. Nuestros planes jamás serán mejores que el que Dios ya nos ha mostrado. Obediencia a medias no es otra cosa que desobediencia, un abismo de nos separa de Él e impide que recibamos Su bendición.
Escrito por – Especialidades Juveniles Chile
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