Te invitamos a leer una reflexión que nos hace pensar en nuestro servicio en el ministerio. Muchas veces es bastante el trabajo por hacer y las metas por cumplir en la iglesia, hoy toma un tiempo para pensar en como lo estas haciendo y que cambios debes hacer para mejorar. Mira un adelanto:
El día que comencé una ausencia sabática de tres meses de la iglesia, Geri y yo nos sentamos en la mesa de nuestra cocina para encontrarnos con Juan y Marta, quienes habían venido a Cristo bajo nuestro ministerio. En esos momentos ellos pastoreaban una de las congregaciones de habla hispana en Nueva Vida.
En los primeros años del liderazgo, Juan y Marta eran cristianos emotivos y llenos de vida. Juan se había hecho cristiano en Nueva Vida. Ahora, siete años más tarde, estaban exhaustos y se sentían culpables por no ocuparse de sus dos hijos. Estaban abrumados con todo lo que tenían delante: problemas, crisis, demandas y las enormes necesidades de una gran congregación de inmigrantes.
Tras escucharlos durante tres horas, me sentí avergonzado. Juan y Marta eran productos de mi ministerio. ¡Y eran exactamente como sus maestros!
¿Este legado de liderazgo frenético, carente de gozo y desequilibra- do será para siempre el tipo de fruto que el ministerio cristiano produce?
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