
¿Por qué las personas quieren a Jesús pero no a la iglesia? una pregunta bien interesante para reflexionar y compartir con los líderes en el ministerio, mira esta parte del libro de Timothy Keller, El Dios Pródigo que trata la respuesta a este tema. Lee un adelanto:
A comienzos del siglo diecinueve, la industrialización dio paso a una nueva clase media —la burguesía— que buscaba legitimarse mediante una ética de mucho trabajo y rectitud moral. En respuesta a la aparente hipocresía y rigidez burguesa, surgieron comunidades bohemias, que van desde el París de los años cuarenta del siglo diecinueve de Henri Murger hasta el grupo Bloomsbury de Londres, los Beats de Greenwich Village, en Nueva York, o las actuales escenas de rock indie.
De algún modo, en las llamadas guerras culturales están presentes estos mismos temperamentos e impulsos conflictivos de la sociedad moderna. En la actualidad, un número creciente de personas se consideran no religiosas o incluso antirreligiosas; creen que los asuntos morales son muy complejos y miran con recelo a cualquier individuo o institución que reclame la autoridad moral sobre la vida de los demás. A pesar del (o tal vez debido al) aumento de este espíritu secular, también se ha producido un crecimiento considerable de los movimientos religiosos conservadores y ortodoxos. Alarmados por lo que perciben como un fuerte ataque de relativismo moral, muchos se han organizado para «retomar la cultura» y tienen una opinión tan negativa de los «hermanos menores» como la de los fariseos.
Entonces, ¿de qué lado está Jesús? En El señor de los anillos, cuando los hobbits le preguntan al anciano Bárbol de qué lado está, este les responde: «No estoy del lado de nadie, porque nadie está de mi lado… [Pero] obviamente, hay algunas cosas de cuyo lado no estoy»(1).
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