
En su enseñanza, Sixto Porras nos invita a reflexionar sobre cómo dejar una huella duradera en nuestros hijos y nietos. El legado no se mide en posesiones, sino en:
- Sanar heridas y fortalecer vínculos familiares, pidiendo perdón cuando sea necesario.
- Modelar una vida de oración y dependencia de Dios, para que los hijos vean y aprendan de nuestro ejemplo.
- Afirmar la identidad y sueños de los hijos, reemplazando la crítica por palabras de bendición.
- Construir recuerdos significativos, que se conviertan en memorias que transmiten fe y esperanza.
- Vivir con intención diaria, dejando una reputación que abra puertas y un testimonio que inspire.
📖 Base bíblica
Un pasaje clave es 2 Timoteo 4:7-8: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día…”
Este texto nos recuerda que terminar la carrera fielmente es parte esencial del legado que dejamos.
💬 Preguntas para grupos pequeños
- ¿Qué recuerdos o enseñanzas quieres que tus hijos y nietos guarden de ti?
- ¿Cómo puedes afirmar la identidad y sueños de tus hijos con palabras de bendición?
- ¿Qué heridas necesitas sanar en tu familia para dejar un legado de reconciliación?
- ¿De qué manera tu vida de oración puede inspirar a las próximas generaciones?
Dejar un legado no es cuestión de riqueza, sino de vida intencional y fe genuina. Cada día es una oportunidad para sembrar amor, esperanza y valores en quienes nos rodean. El verdadero legado es ver a nuestros hijos caminar más cerca de Dios, con una identidad afirmada y un propósito claro. Así, nuestra historia continúa en ellos, y nuestra huella trasciende el tiempo.


