Te invitamos a leer este artículo acerca de la sexualidad y la santidad, una constante en la vida de muchas personas como creyentes. Esperamos que te sea de ayuda para aconsejar y aportar a enseñanzas que estes preparando acerca del mismo.
Hugh Hefner, fundador del imperio Playboy, recuerda que fue criado en un ambiente en el que el sexo sólo era concebido para la procreación y el resto constituía un pecado.
Él mismo expresó: “nuestra familia era prohibicionista, puritana en un sentido muy real. No había abrazos ni besos. Hubo un momento en que mi madre, transcurridos muchos años, me pidió perdón por no haber sido capaz de mostrarme afecto. A lo cual le respondí: – Mamá, no pudiste haberlo hecho mejor. Y fueron esas cosas que no pudiste hacer las que hicieron que yo tomara un rumbo que me cambió la vida y cambió al mundo”.
Rob Bell dice: “existen en sexualidad dos extremos: por un lado negar nuestra sexualidad, y por el otro, dejarnos llevar por ella. Cuando negamos la dimensión espiritual de nuestra existencia, acabamos viviendo como los animales y tenemos sexo por instinto. Cuando negamos la dimensión física y sexual de nuestra existencia, acabamos viviendo como ángeles. Y ambas maneras resultan destructivas, porque Dios nos hizo seres humanos”.
Esto no es algo nuevo. En el siglo primero, en el seno de la iglesia cristiana existían las “mujeres espirituales” que negaban la dimensión sexual del matrimonio. Casadas, pero sin intimidad. La concepción prohibitiva y de pecado limitaba la expresión sexual en el matrimonio. Santidad y sexualidad no eran compatibles.
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