Te invitamos a leer esta reflexión acerca de la cruz y ser discipulos de Cristo que nos hace Ulises Oyarzún, esperamos que te sea de gran ayuda para tu ministerio y para enseñar a otros:
Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos… Mateo 16:15,17
Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Mateo 16:21,22
Luego que en el siglo IV la fe cristiana fuera reconocida con Constantino y luego con Teodosio I como la religión oficial del Imperio, los cambios no demoraron en venir. Del Dios de Amor, pasamos al Dios del Poder. De movimiento, pasamos a ser Institución. De perseguidos, a los pocos años, nos convertimos en perseguidores. De estar dispuesto a morir por lo que confesamos, pasamos a matar por lo que creemos. Los símbolos cristianos como la Eucaristía y el Bautismo, pasaron de ser símbolos que condicionaban la manera de vivir a simples formas litúrgicas donde la única importancia se centró en administrarlos de la manera correcta. De ser un grupo de personas que de manera voluntaria asumían un estilo de vida enmarcado en la vida de Jesús, derivó en la obligación del bautismo para ser parte del Imperio. En este contexto, se aprobó el Canon Bíblico y se solidificó o petrificó lo que hoy llamamos “Ortodoxia”. En los primeros años del cristianismo, la fe de las iglesias era diversa, apuntaban a ciertos elementos en común, como la Encarnación de Dios en Jesús de Nazaret, su predicación de amor incluso a los enemigos y su fuerte convicción de ser un movimiento no violento.
Pero esa diversidad poco a poco fue siendo pavimentada por los intereses del Imperio Romano, de unir al Imperio bajo una misma bandera y mientras menos diversidad tengamos, más fácil es seguir avanzando como potencia. Los vicios de la religión enquistada en el poder absoluto deformaron el panorama.
Fue en ese panorama, que aparece Agustín de Hipona, que obsesionado por la culpa e influenciado por la filosofía griega, llega a conclusiones como lo del pecado original, esa mancha que llevamos desde antes de nacer y la de la Cruz de Cristo como lo más importante en la Fe cristiana. No es que los evangelios no les importara la Cruz, pero a diferencia de Agustín, que pone a Jesús como el Hombre-Dios que vino al mundo solo a morir. Los evangelios son enfáticos que la Cruz no está divorciada de la vida de Jesús. La cruz de Jesús fue resultado de una vida coherente con sus opciones fundamentales, la Cruz de Jesús fue el resultado de su estilo de Vida.
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