
Sin embargo la paz es muchas veces difícil de experimentar. Las condiciones propicias para la unidad no siempre se encuentran y la paz se diluye como agua entre las manos. La búsqueda de unidad en la experiencia de la iglesia ha sido altamente frustrante a lo largo de la historia. Las anécdotas de divisiones irreconciliables con pleitos de alto voltaje se suman por cifras incontables. Divina unidad
La unidad es algo que está en la esencia, el deseo y el accionar de Dios. Él es uno… Tres que son más uno que lo que cualquier ser humano ha podido ser, aún siendo uno solo. Padre, Hijo y Espíritu Santo viven en un amor tan profundo e intenso que la paz relacional es una experiencia tan abundante que resulta imposible de ser pensada por nosotros. La reconciliación definitiva con el hombre y de este consigo mismo, con sus semejantes y con la naturaleza es en Dios una ambición privilegiada. Él trabaja a diario para que esto se geste. Aún ha dado hasta a su propio Hijo para que así pueda ocurrir. Fue precisamente él, su Hijo en la tierra, quien pidió en oración para que seamos uno. Todo lo que de su parte pudo ser aportado, fue aportado. Su accionar es claro, concreto y palpable en su dirección hacia la unidad. Dios nos ha hecho uno y quiere que así vivamos.
Pobres encantamientos
En lo personal, creo que algo que atenta contra nuestra experiencia en la unidad, tiene que ver precisamente con la idea romántica de la misma. Una especie de encantamiento mágico y espontáneo debe darse para que yo me una a otro. Para referirnos a esta magia utilizamos expresiones como me cae bien, tenemos piel, tenemos onda, nos entendemos… y si está magia no está, entonces no hay unidad posible. Sin embargo es obvio que el apóstol Pablo no creía que la unidad se tratara de magia sino de trabajo.
Trabajo
La Nueva Traducción Viviente dice Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz. La unidad es un desafío que requiere que estemos dispuestos a trabajar. Como trabajamos para cuidar nuestro testimonio o mantener viva nuestra vida devocional, así también es necesario que comprendamos que debemos poner el esfuerzo necesario para trabajar por la unidad… y la pista que nos da el apóstol Pablo es que nuestro esfuerzo debe estar direccionado hacia la paz. El shalom, esa paz abundante y armónica no se produce por generación espontánea. Debe ser pretendida, propuesta, buscada, desarrollada y sostenida… y todo eso requiere solicitud, disposición. Debo priorizarlo por encima de mis deseos individuales, de mis intereses personales, de mis ganas de que las cosas sean como yo quiero, de mi manera de ver el mundo… Trayendo todo eso como mi aporte a la mesa de la convivencia, procurare negarme a mi mismo por el bien común. Con humildad, privilegiando el lazo de la paz, trabajando por la unidad.
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