
Te invitamos a leer este excelente artículo escrito por Lucas Leys acerca de las traducciones de la Biblia y nuestra visión frente a estas cuando vamos a enseñar. Escribenos tus opiniones.
La Biblia es la Biblia y las traducciones son traducciones.
Si los dos monjes católicos sevillanos que le dieron apellido a la traducción más comúnmente usada en nuestro contexto iberoamericano hoy supieran que gran parte del pueblo protestante evangélico de Iberoamérica usa su traducción como si fuera la única, se sonrojarían. Cipriano y Casiodoro nunca hubieran sospechado que el uso que le dieron al español para traducir del hebreo, el griego y el arameo sería concebido por algunos como la única traducción sagrada cinco siglos después. La importancia de revisar esto es que además de este accidente de la historia y la tradición, siempre es bueno volver al deseo original de quien escribió o dijo esas palabras que consideramos sagrada escritura.
Un ejemplo de cómo una traducción puede dar origen a una cosmovisión es la traducción que le damos a la llamada gran comisión. En Mateo 28:19 la Reina- Valera nos traduce estas palabras de Jesús diciendo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Pero detengámonos en el “id”. La Nueva Versión Internacional y la Traducción en Lenguaje Actual en vez de decir ID dicen “vayan” y todavía puedo escuchar a mi profesor de Griego Koiné decir que faltaría agregarle la palabra “mientras”. ¿Por qué la diferencia? Porque en el uso de griego empleado en el nuevo testamento la orden de Jesús no genera la interpretación de que hay que ir a otro lado a evangelizar sino que es algo que se debe hacer en el “mientras” de la vida cotidiana.
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