Tener un buen recurso no garantiza que realmente produzca transformación. Muchas veces contamos con materiales valiosos, pero si solo los usamos para transmitir información, corremos el riesgo de que todo quede en teoría.
El recurso Somos novios puede trabajarse con los jóvenes en cuatro semanas de una manera sencilla, conversacional y profundamente práctica. La clave está en entender que el objetivo no es hablar más, sino ayudar a los jóvenes a pensar, cuestionarse y tomar decisiones.
Durante la primera semana, la conversación puede comenzar con una pregunta sencilla pero profunda: ¿Qué es el amor? Antes de dar definiciones o respuestas, permite que ellos hablen. Escuchar lo que piensan ayuda a descubrir las ideas que han construido acerca del amor y las relaciones, y abre la puerta para confrontarlas con una perspectiva más saludable y bíblica.
En la segunda semana, el enfoque puede estar en la diferencia entre emoción y compromiso. Los sentimientos forman parte de las relaciones, pero no pueden ser el único fundamento para tomar decisiones. Este tema permite que los jóvenes analicen experiencias propias, decisiones impulsivas y las consecuencias que pueden surgir cuando actuamos únicamente por lo que sentimos en el momento.

La tercera semana debe llevar la conversación todavía más cerca de la vida real. Preguntas como ¿qué construye una relación? y ¿qué puede destruirla? ayudan a hablar de límites, respeto, decisiones, carácter y responsabilidad. El propósito es que los jóvenes puedan reconocer cómo sus decisiones afectan sus relaciones presentes y futuras.
Finalmente, en la cuarta semana, el proceso debe terminar con algo más que una buena reflexión. El desafío es llevarlos a una decisión concreta. Pueden escribir algo que quieren comenzar a hacer, algo que necesitan cambiar o un principio que desean aplicar en sus relaciones.
El discipulado ocurre cuando una verdad deja de ser solamente una idea y comienza a producir decisiones.
Si durante estas cuatro semanas hubo conversaciones sinceras, preguntas difíciles, nuevas perspectivas y decisiones personales, entonces el líder hizo mucho más que desarrollar un tema: estuvo formando vidas.
3 acciones prácticas para hacer con tu grupo
- Construyan juntos una definición de amor.
Escribe la palabra “amor” en el centro de una hoja grande o pizarra y permite que cada joven diga una palabra o frase que relacione con ella. Después conversen sobre cuáles ideas dependen únicamente de sentimientos y cuáles implican compromiso, cuidado y responsabilidad. - Hagan el ejercicio “Construye o destruye”.
Presenta diferentes situaciones de una relación: respeto, celos, presión, comunicación, control, perdón, límites, manipulación, confianza o mentira. Pídeles que decidan si cada actitud construye o destruye una relación y que expliquen por qué. - Terminen con una decisión personal.
Entrégales una tarjeta y pídeles completar la frase: “Después de estas conversaciones, quiero cambiar…”. No tienen que compartirla públicamente. La meta es que cada joven salga con una decisión específica que pueda comenzar a practicar.


