En la adolescencia es normal que los jóvenes comiencen a cuestionar, buscar independencia y tomar distancia de los adultos. María Velasco, psiquiatra infantojuvenil, explica que precisamente en esta etapa siguen necesitando adultos presentes, firmes y disponibles. No necesitan que los padres —o los adultos significativos— se conviertan en sus amigos, sino que sean referentes seguros capaces de escuchar y, al mismo tiempo, marcar límites.
Este principio también puede aplicarse al ministerio juvenil. Un líder cercano no es aquel que permite todo para ser aceptado por los adolescentes. Es alguien que construye una relación de confianza sin renunciar a su responsabilidad de orientar.

4 acciones prácticas para tu grupo
1. Sé cercano, pero sigue siendo el adulto.
Puedes reír, conversar y compartir con ellos sin intentar convertirte en “uno más”. Los adolescentes necesitan referentes estables.
2. Establece límites claros.
Horarios, respeto entre los miembros del grupo, uso del celular o comportamiento durante una actividad deben tener reglas comprensibles. Los límites bien establecidos también comunican cuidado.
3. No tomes su distancia como algo personal.
Que un adolescente cuestione, contradiga o busque otros referentes forma parte de la construcción de su identidad. No respondas con reproches ni manipulación emocional.
4. Combina firmeza con escucha.
Velasco plantea una crianza equilibrada entre protección y autoridad: escuchar y comprender sin eliminar todas las dificultades ni permitir cualquier conducta.
Para recordar
Un grupo juvenil saludable no es aquel donde los adolescentes pueden hacer todo lo que quieran, ni uno donde simplemente obedecen porque tienen miedo.
Es un espacio donde encuentran amor suficiente para sentirse seguros y límites suficientes para aprender a crecer.
Como líderes, podemos ser esa mirada adulta que les recuerda: estoy aquí, te escucho, me importas y también voy a ayudarte a crecer.

