
Jonathan plantea una pregunta clave: “¿Por qué, si Dios te habló y tienes el deseo, no avanzas?” A partir de esta inquietud, el episodio explora cómo el llamado puede ser atacado por:
- Dudas personales: Sentimientos de insuficiencia o temor al fracaso.
- Distracciones espirituales: Actividades que parecen buenas pero desvían del propósito central.
- Falta de identidad: Cuando no se comprende quién se es en Cristo, se pierde dirección.
- Entorno tóxico: Influencias que apagan la pasión o siembran incredulidad.
El enfoque no es condenatorio, sino restaurador: reconocer lo que frena el llamado es el primer paso para retomarlo con fuerza.


