
Te compartimos e invitamos a leer esta interesante reflexión que nos presenta nuestra colaboradora Karinna Segura, sobre la esposa de Cristo, su amada iglesia.
“.. Luego dijo el pastor: “Veo esa mano allí. Gracias. Veo una mano atrás. Veo a algunas señoritas al frente… “
Y siguió reconociendo las manos que se levantaban en todo el auditorio. Durante todo el tiempo me mantuve con los ojos abiertos, mirando todo… No vi levantarse ninguna mano.” (R.B)
Ni siquiera sé cómo hemos llegado hasta este punto…
Si tuviese que sacar las cuentas, llevo literalmente 20 años y días dentro de Tierra Santa, siendo rodeada por la Amada Iglesia, Esposa del Cordero…
Desde el año 2003, 26 de Octubre para ser exacta tuve la alegría TREMENDA! de confesar públicamente que Jesús es el Salvador de mi vida, que se transformaría en mi Señor, y que servirle era la pasión de mi alma.
Ese día simplemente obedecí al mandato, pero desde muchísimo antes Dios me había enamorado. Y sí. Esa Amada se había vuelto mi vida. Añoraba estar en cada culto, cada vez que un predicador entregaba el mensaje, me sentía tan atravesada, que sentía que me desarmaba por dentro, entonces corría para postrarme ante la Verdad del Señor y
declarar que necesitaba más y más de Él.
La Iglesia se había transformado en mi necesidad… en el lugar en donde me sentía en casa, envuelta en amor, en paz, en comunión. Ya no importaba más si éramos de familias distintas, con diferentes apellidos, colores, estilos de vida, niveles de educación… al cruzar los atrios del Templo, TODOS éramos UNO, y ese milagro ocurría gracias a ÉL.
Pero un día desperté temprano en una mañana de domingo, sabía que una vez más
estaría junto a “Ellos”… pero extrañamente esta vez algo estaba sucediendo dentro de
mí. Caminé lentamente hasta el Templo, crucé ese mágico atrio, saludé a cada hermano,
cada hermana…
Me senté en la banca, en primera fila, donde siempre… oí al predicador hablar, oí un par
de “amén”, oramos, cantamos, nos levantamos, nos despedimos, ahh… si, ofrendamos,
¡¿cómo olvidarlo?!… para luego estar abriendo nuevamente los ojos muy temprano en la
mañana, recordando que había llegado un nuevo día de reunión…
¡ALTO! ¿Qué había sucedido aquí…?
Les continuaba amando, y creo que esta vez maduramente, con conocimiento de causa, sabiendo que éramos TODOS imperfectos, y pecadores, pero REDIMIDOS por la Gracia del Señor… Sin embargo algo había sido robado, algo había sido quitado.
Y un celo en mi interior se despertó, al ver a la Amada dejando de interesarse en el Novio… viéndola distraída cuando Él hablaba, oyéndoles murmurar y cuestionar Sus Palabras, Sus obras, Sus decisiones…
La vi enorgullecida de quien era, de lo que había alcanzado… y poco a poco menos rasgos de Él estaban en ella…
Directamente y derechamente dime la verdad… ¿No sientes que algo está pasando, que algo no anda bien…?
¿Acaso no tienes la sensación de que nos cambiaron la versión de la Serie, calcularon mal las páginas y estamos leyendo el libro equivocado u oyendo una sintonía desconocida?
Lo menos que quiero es criticar a la Amada, porque la Amo, y porque soy parte de ella… Pero me duele el corazón. Hay un gran dolor en mi alma, al sentir que cada vez veo menos del Señor en nosotros, Su reflejo se está desvaneciendo.
RETROCESO.
OLVIDO.
CEMENTERIO.
RELIGIOSIDAD.
En eso pienso al ver, al oír, al ser parte HOY! de la Amada Iglesia… ¡BIENVENIDO A LA REALIDAD!
Querido/a lector: LA NOTA NO TERMINA AQUÍ.. ¡continúa!
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