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EL RELATIVISMO

 

I.DEFINICIÓN

La Enciclopedia Filosófica Garzanti define del siguiente modo el relativismo:

Término con el que se puede calificar toda concepción filosófica que no admita verdades absolutas en el campo del conocimiento o principios inmutables en el ámbito moral.

 

De esta definición se implica que existen dos ámbitos básicos en el que se desenvuelve el relativismo: el epistemológico o del conocimiento y el de la moral.

El diccionario, por su parte, define el relativismo con las siguientes palabras:

Una perspectiva que afirma que las verdades éticas dependen tan sólo de los individuos o grupos que las aceptan.

 

Dicho de una manera más simple: “Es bueno para ti pero no necesariamente para mí. Yo no negaré que lo sea para ti pero no trates de imponérmelo y obligarme a aceptarlo como bueno para mí”.

Como veremos más adelante al hablar de la tolerancia, el relativista ve la moralidad como algo totalmente abierto a la interpretación de cada individuo. Lo correcto o incorrecto en la visión del relativista está sujeto a cambio según las personas, o según las circunstancias dentro de una misma persona. El relativista, como ya se indicó anteriormente, puede sostener ideas contradictorias acerca de la moralidad y la ética y no considerar que su contradicción sea un disparate. Véase a modo de ejemplo la afirmación hecha por el antropólogo español Tomás Calvo Buezas:

Del integrismo de hace unas décadas pasamos hace unos años a un relativismo -inicialmente sano- que pareció instalarse en nosotros. Pero ahora se ha comprobado que es importante contar con algunos puntos de referencia y educar a los jóvenes en un sistema de valores. Esto no supone que haya una vuelta al pasado sino a unos valores que cada uno toma y selecciona a la carta, como si fuera un menú.

II.EL FIN DE LA VERDAD OBJETIVA

La modernidad pretendía que los seres humanos tenían a su alcance la habilidad para descubrir de forma racional la verdad y aplicar esas verdades a situaciones éticas y morales. Se partía de la base que el conocimiento podía tener las siguientes características:

·Ser cierto. Es decir, ser correcto y absoluto de forma esencial.

·Ser objetivo. Es decir, podía ser visto y analizado al margen de la personalidad.

·Ser bueno. Es decir, la ciencia y el conocimiento combinados tendrían un poder liberador y restaurador del ser humano.

La postmodernidad acabó con ese sueño. Afirma la imposibilidad de conocer cualquier verdad objetiva, ya que nosotros mismos, como observadores estamos viciados de subjetividad.

El siguiente cuadro comparativo puede ayudarnos a entenderlo de forma más clara

Verdad objetiva

Verdad relativa

Se acepta que existe una realidad independiente del observador; la verdad consiste en la representación fiel de tal realidad.

El relativismo acepta que existen realidades diferentes socialmente construidas; la verdad es una realidad construida de forma consensuada.

El objetivismo asume que se puede conocer la realidad con independencia del observador. La adecuada realización de la observación es una garantía para alcanza el conocimiento objetivo.

El relativismo plantea que el resultado de la investigación no es sino una creación debida a la relación entre el observador y la realidad observada.

El control, la manipulación de las variables y la medición, constituyen las garantías para una investigación científica.

La interpretación personal sitúa al observador como principal instrumento en la comprensión de la realidad estudiada.

Como se puede apreciar, ambas posturas salen de puntos de partida totalmente diferente e irreconciliables: si la realidad exterior puede ser conocida tal como es, en su estricta objetividad, merced a la razón aplicada a las cualidades del rigor metodológico, o si, por el contrario, “las cosas” no existen como tales sino como son percibidas por el hombre a través del filtro de sus sentidos, aspecto éste en que el propio ser humano llega a construir la realidad en continua interacción con otros seres humanos.

Toda “realidad” es meramente una construcción cultural y social. Aunque teóricamente el postmoderno pueda aceptar la existencia de la verdad absoluta, en la práctica no acepta que nadie pueda encontrarla y tener una mínima comprensión de la misma. Las implicaciones de estas afirmaciones son claras:

·Como mucho podemos aspirar a conocer partes de la realidad.

·Como mucho, nuestras creencias deberían ser consideradas en un estado de precariedad, ya que son únicamente teorías temporales.

·Todas las afirmaciones son hechas en base a la fe. Por tanto, ninguna afirmación puede tener una prioridad, precedencia o superioridad sobre otra.

·Cualquier afirmación de poseer la verdad con mayúscula es totalmente ridícula.

·Quien intente imponer sus puntos de vista sobre otro es un ser despreciable.

·La tolerancia, como veremos más adelante, se convierte en la principal virtud social.

El descubrimiento de la Teoría de la Relatividad ha creado un montón de problemas para toda la física basada en las premisas de Newton y en la creencia de la existencia de una teoría que pudiera explicar absolutamente todo. La física cuántica se mueve en el terreno de las contradicciones, donde la luz puede ser descrita como ondas o partículas en función de cómo sea observada, lo cual, es una total y absoluta contradicción. Sin embargo, ha destruido los cimientos del pensamiento cartesiano.

Según el escritor Codrington hay tres grandes componentes dirigiendo el gran cambio de la modernidad a la postmodernidad:

·La ruptura de las creencias y la pérdida de un consenso universal acerca de lo que es verdadero y lo que no lo es.

·El nacimiento de una cultura global. Conforme las cosmovisiones son más conscientes de la existencia de otras cosmovisiones se produce la negativa, no sólo a aceptar ninguna de ellas como absolutamente verdadera, sino incluso la posibilidad de encontrar un método o forma de decidir entre los valores relativos de los diferentes sistemas.

·Una creciente polarización entre las partes con relación a diferentes temas morales, filosóficos, educativos y culturales.

III.LA DESAPARICIÓN DEL CONSENSO CULTURAL

No hace demasiado tiempo la mayoría de las personas en los países de cultura occidental sabían con total y meridiana claridad qué era correcto y qué era incorrecto. Ambas cosas estaban muy bien delimitadas y su conocimiento al alcance de cualquiera. Eso no significaba que todo el mundo siguiera lo correcto ¡Naturalmente que no! Siempre ha habido personas que han decidido vivir al margen de la legalidad y la moralidad. Pero estas personas sabían perfectamente de qué lado vivían.

La sociedad reconocía que existían unos valores morales absolutos por los cuales se regía. Esto era posible porque existía un consenso cultural acerca de esos valores. Dicho consenso era provisto por la fe cristiana que convertía la moralidad pública y privada en una única cosa. Durante siglos, en occidente, el cristianismo proporcionó los valores sobre los que se edificó la sociedad.

Sin embargo, eso ya no es cierto. El consenso cultural que el cristianismo proporcionaba ya no funciona. Los valores de la cultura judeocristiana ya no son los que fundamentan nuestra sociedad. Es cierto que esto se da con mayor intensidad en algunas culturas que en otras. Es cierto que la ruptura de ese consenso es más fuerte en Europa Occidental y Estados Unidos que en otros países. Sin embargo, parece ser un fenómeno irreversible en toda la cultura occidental.

Al respecto y de manera profética Francis Schaeffer, el gran filósofo cristiano, en fecha tan temprana como el año 1984 escribió lo siguiente en su libro El gran desastre evangélico:

No existe una edad de oro en el pasado que podamos idealizar –Ya sea en los años tempranos de los Estados Unidos, la Reforma o la iglesia primitiva. Pero hasta hace muy pocas décadas existía algo que correctamente podía ser denominado un consenso cristiano que dio de un modo definitivo una forma distintiva a la sociedad occidental y a los Estados Unidos. Ahora, ese consenso se fue para siempre y las libertades que trajo se destruyen ante nuestros ojos. Estamos en un tiempo en el que el humanismo está llegando a su conclusión natural en moralidad, valores y legislación. Lo único que la sociedad tiene hoy en día son valores relativos basados en resultados estadísticos, o la decisión arbitraria de aquellos que tienen el poder político o legal.

 

¿Cuál es el resultado del rompimiento de dicho consenso? Relativismo. Un relativismo que entre formas se expresa de la siguiente manera:

  • La experiencia es la medida última de todo significado.
  • Lo correcto y lo correcto es diferente y arbitrario para cada persona.
  • La moralidad y la ética son una cuestión de gustos personales y preferencias individuales.
  • No hay manera objetiva de decidir lo que es correcto e incorrecto. Dos personas pueden definirlo de forma, no sólo diferente, sino incluso contradictoria y ambos ¡Tener razón!
  • Naturalmente, ninguna opción es mejor o más válida que otra.

 

IV.EL RELATIVISMO CULTURAL

¿Bajo que bases se puede culpar a los talibanes por la forma en que trataban a las mujeres en Afganistán? ¿Quién puede afirmar que la práctica de la oblación –mutilación del clítoris llevada a cabo entre las niñas de muchos países de religión musulmana- sea ago incorrecto?

El relativismo cultural afirma que una cultura o sociedad define lo que es correcto o incorrecto para las personas que forman parte de la misma. Dicho de una manera llana, la moralidad es una construcción social llevada a cabo por los miembros de un determinado grupo social. Consecuentemente sólo obliga a los que voluntariamente forman parte del mismo.

Parece coherente ¿verdad? Un grupo o cultura se pone de acuerdo acerca de lo que sus miembros consideren correcto e incorrecto y definen sus propios límites. Al ser algo dado por los mismos miembros, estos límites pueden ser cambiados cuando el interés general o simplemente la mayoría así lo determinen.

Naturalmente un grupo diferente no tiene porque aceptar ni considerar válidos los criterios y los límites de otro grupo. Así, en el año 1994 se celebró una conferencia mundial sobre los derechos humanos. La conferencia estaba patrocinada por las Naciones Unidas. Varios países asiáticos, entre ellos China, protestaron por las presiones recibidas de los países occidentales para que se respetaran los derechos humanos en aquellos países. Su argumentación fue la siguiente: “Los derechos humanos son un concepto occidental. En oriente las cosas se entienden de una forma diferente. ¿Qué derecho tienen los países occidentales a decirnos cómo hemos de organizar nuestras sociedades?” el razonamiento de estos países es impecable y demuestra los límites del relativismo cultural: los valores tan sólo son válidos para los grupos que los aceptan, pero carecen de fuerza moral para aquellos que los rechacen por la razón que sea.

Si no hay verdades absolutas. Si la moralidad es algo que un grupo humano se otorga a sí mismo, entonces no existe ninguna base lógica ni racional por la cual un grupo pueda emitir un juicio sobre los valores de otro colectivo humano simplemente porque son contrarios, diferentes o injustos desde su perspectiva.

Vistas así las cosas no hay base humana racional para hacer un juicio negativo de los talibanes o sobre la oblación ¿Quiénes somos nosotros –gente externa y ajena a su cultura- para poder emitir juicios? A este respecto, Josh McDowell en su libro The New Tolerance menciona la increíble contradicción que tuvo que asumir una escritora feminista, atrapada entre su feminismo y su relativismo, al tener que hacer una valoración de la ya mencionada práctica de la oblación. He aquí el resultado:

¿Cómo puedo yo argumentar contra una cultura que ni siquiera he tratado de entender? ¿Es relevante que yo, que soy una extraña, pueda encontrar dicha práctica cruel? A pesar de lo duro que me resulta admitirlo, la respuesta es no.

Naturalmente sobran todos los comentarios.

Concluimos el apartado del relativismo cultural con una frase del escritor y pensador cristiano Gene Edward quien al referirse a un hipotético enfrentamiento entre los valores opuestos de dos grupos diferentes escribe lo siguiente:

La sociedad no está sujeta a la ley moral, construye la ley moral. Si no hay absolutos, la sociedad presumiblemente puede construir cualquier valor que quiera y ella misma no estar sujeta a ninguno. Todos los temas son tan sólo una cuestión de poder. Sin absolutos morales el poder se convierte en arbitrario. Puesto que no existe una base para la persuasión moral o la argumentación racional, el bando con más fuerza o poder gana.

 

La fuerza se convierte en el único remedio para resolver los conflictos entre los valores sostenidos por grupos diferentes cuando estos valores son enfrentados o contradictorios. La fuerza hace que el ganador esté en lo correcto y el perdedor en lo incorrecto. Se convierte pues en una auténtica ley de la selva. Un imperio del más fuerte.

En su libro Time for Truth, Oss Guinness desarrollo esta misma argumentación. A primera vista, añade Guinness, la postmodernidad nos ofrece un mundo de total libertad al acabar con todos los absolutos. Sin embargo, hay un pequeño inconveniente. Si la verdad ha muerto, ni lo correcto ni lo incorrecto significan absolutamente nada, y lo único que nos queda es la voluntad de obtener el poder, entonces, en opinión de este autor, la conclusión es muy simple: El poder hace que las cosas sean correctas.

Cuando todo queda reducido a una voluntad de obtener el poder, manipulación es el nombre del juego y la victoria la consigue el más poderoso y fuerte. Guinness, en su libro incluye la siguiente y significativa frase de Cornelius Vanderbilt al respecto:

¡La ley! ¿Qué me importa la ley? ¿Significa algo si tengo el poder?

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

1. ¿De qué forma el relativismo afecta a la manera en que nuestros jóvenes piensan y viven?

2. ¿Cómo el relativismo afecta al concepto de bien y mal?

3. ¿Cómo el relativismo afecta al concepto de pecado?

4. Si lo bueno y lo malo depende de la persona y el momento ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a tomar decisiones morales? ¿Cómo podemos ayudarles a entender el concepto de pecado?

5. En tu opinión ¿Qué dificultades y/o retos plantea el relativismo a la pastoral juvenil? ¿Qué puede hacerse para contrarrestarlos?

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