Diego Tapia | 04/Jun/13

SOBRE EL CIELO Y LOS ÁRBOLES DE NAVIDAD

Te recomendamos leer esta reflexión que nos comparte nuestro colaborador Diego Tapia.

“No puedo entenderlo. ¿Entonces Jamás los podré ver nuevamente?” Alegaba en un rincón de la mesa mi hermano menor con la voz ya quebrada. “¡Claro que sí! Siempre estaremos juntos” Le decía mi padre. “Pero no habrá una casa como esta… ¿o sí? Que hay con los paseos, ¿Jamás volveremos a salir como familia?” Sus ojos ya estaban cristalizados por las lágrimas. “Si Dios quiere lo mejor para nosotros… No entiendo nada” Finalizó. “Hijito mío escúchame – Agarrándole la mano y haciéndole caricias – este tiempo como familia debemos disfrutarlo al máximo. Por eso me molesta cuando tu le contestas a tu papá o a tus hermanos. Debemos disfrutar cada instante como el último” Sentencio mi mamá. De seguro pasaron unos tres minutos de silencio y solo se escuchaban los ladridos de Tobías a la ventana. “No quiero ir al cielo” Dijo mi hermano luego de este momento quieto. “Jóse cuando grande lo comprenderás”. Y puede ser que más grande lo comprenda pero por ahora mi hermano pequeño en definitiva no quiere saber nada con el cielo. 
Reconozco que tengo una especie de don y es de acordarme de muchas escenas que han pasado durante este último tiempo. La memoria en mi vida ha jugado un rol fundamental, no tan solo en mis estudios, sino también en acordarme de aquellos momentos que han sido de alguna u otra manera especiales. Curiosamente, eso si, siempre ando dejando mis cosas por ahí como mi celular o billetera, creo que esta última la pierdo aunque sea una vez al mes. Es tanto así que me acostumbré a usar las famosas cadenas que hacen a uno verse totalmente rudo. Aun así la billetera desaparece. ¿Dónde aparece? Por lo general es en el pantalón que use el día anterior.

Esta conversación con mi hermano surgió luego de un almuerzo en mi casa. Ya estábamos en la hora del postre (Bueno el postre no me acuerdo que comíamos pero de seguro era esa hora) y hacíamos lo que por lo general se conoce como “Sobremesa” que es conversar y compartir un rato luego de un almuerzo. Recuerdo que los temas que hablábamos eran sobre las cosas a futuro como el matrimonio, estudios, salidas como familia, en fin, cosas de “sobremesa”. Y de pronto salió este tema del cielo y empezamos a pensar de cómo sería la vida si estuviésemos por esos lados. Mi hermano se opuso de inmediato con su primera idea porque en el cielo no van a ver las entretenciones que hay aquí en la tierra. Según él no va poder andar en skate o jugar fútbol. “Pero vas a poder jugar con los ángeles” Le dije de broma pero no le gusto mucho. Se resiste a la idea de que no exista un auto que maneje mi padre y que nos lleve al centro comercial por un helado o a que en el cielo no exista una casa donde vivamos juntos. Eso para un niño es terrible. Para ser sincero creo que ninguno de los que estábamos ese día en la mesa pudo darle una respuesta correcta a mi hermano. Menos yo obviamente que lo cargaba con chistes de que nunca nos volveremos a ver. Solo mi padre le podía explicar algo claro y concreto en teoría. En conclusión, llegamos a que no sabremos cómo va ser el cielo, nadie de nosotros ni el resto de la gente del mundo. Solo Dios sabe cómo es el cielo y cómo es lo que tiene preparado.

Esto me recuerda una escena que quizás se repite en muchas casas y es cuando en fechas de navidad, el mágico viejito pascuero o papa Noel lleva los regalos al árbol días antes de noche buena. Como niño me muero de curiosidad por saber lo que hay para mí y que regalo me corresponderá. Entonces cuando no hay nadie cerca del árbol o nadie lo está mirando, me acerco con mis mejores dotes de agente sigilosamente hacia el árbol mirando todos los rincones de la casa. Hay que asegurarse que no venga nadie. Ya una vez hecha la primera parte de la misión, como niño me dirijo al regalo más grande que hay debajo del pino y busco por todas las esquinas el gran objetivo: Mi nombre en el papel de regalos. Entonces en cuestión de segundos lo miro y encuentro el resultado. Si el regalo trae mi nombre tengo dos opciones, la primera es abrirlo pero solo un pedacito para saber qué es lo que hay adentro y la segunda opción directamente es aguantar el grito de la emoción y esperar a que sea noche buena. Obviamente para un niño tan inquieto como yo jamás la segunda opción va ser elegida ya que como niño anhelo y deseo ahora ya saber qué es lo que hay dentro de ese hermoso paquete. Imaginemos que en el momento en que el niño está tratando de abrir este paquete para saber lo que hay, justo aparece su mamá y lo pilla con las manos en la masa. ¿Qué creen que pasara? ¡Así es! El niño es castigado para siempre por el resto de su vida sin derecho a respirar. No mentira. Obviamente la mamá no lo retará de esa forma pero si llamara la atención del niño diciéndole “Espera hasta noche buena. Ahí podrás saber lo que hay adentro”.

Ahora bien. Luego de estas historias la pregunta es clave para nuestras vidas. ¿Cuántas veces como personas queremos saber qué es lo que pasará en el futuro? Ciertamente anhelamos conocer ahora ya como será lo que tiene preparado el tiempo para cada una de nuestras vidas y reiteradamente hacemos todo lo posible por saberlo. Esta es una de las razones de por qué los tarotistas o el horóscopo son tan exitosos y es porque la gente desea saber lo que pasará con SUS VIDAS. Creo firmemente que nuestra vida es una hoja en blanco, en la cual nosotros somos los lápices que escriben en esta hoja y el borrador son las personas que han influenciado de buena manera a poder escribir. Dios tiene promesas eternas para nuestra vida y él las revela en el momento preciso para nuestros corazones (Rom 8:28). Algunos creen que el futuro está en nuestras manos o que es borroso o que depende de nosotros para poder cambiarlo. 
Conforme va pasando el tiempo, debemos vivirlo de manara diaria, vivir el día a día de acuerdo a lo que corresponda. Me llama la atención cuando la gente anhela que llegue el día viernes cuando estamos recién empezando el día lunes (Ecl 3:1). Si a eso se le podría llamar vida es mejor vivir en un rincón de la azotea, que en casa grande con mujer regañona. Jamás hubo un día como este y jamás se volverá a repetir. Ponte a pensar en eso por algunos segundos… que cada día ha sido creado por solo una vez. El punto es que futuro es algo que viene si o si, como aquel regalo de navidad o como aquella promesa que dice que va llegar el día en que vamos a habitar en el cielo. Ahora solo debemos esperar a que Dios nos diga cuándo es el momento exacto para poder abrir este hermoso regalo eterno que ha estado preparado desde el día que nuestros pies pisaron esta tierra.

Escrito por | Diego Tapia

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