Erika Guzmán | 27/Feb/14

¡Que bueno que soy Debil! – Reflexión

Te invitamos a leer esta reflexión acerca de nuestras debilidades que nos comparte nuestra colaboradora Erika Guzmán:

2 de Corintios 12: 10
“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

¡Me encantan las cartas que el apóstol Pablo escribió a las diferentes iglesias! Esta es una de mis piezas favoritas. En estos días he pensado mucho en el perdón; no en el perdón que otorgamos a otros, sino en el perdón que Jesús mismo nos ha otorgado. ¿Te ha pasado alguna vez que haces algo que está mal y después la culpa no te deja tranquilo? Entonces, comienzas a convencerte a ti mismo que no mereces ser perdonado y que ya no puedes cambiar. Cuando asumimos esa conducta, estamos huyendo del perdón que Jesús ya nos entregó a nosotros por medio de su sacrificio en la cruz. Sin embargo, cada vez que hacemos algo que nos aleja de Jesús, pareciera como si Él mismo nos dijera: “¡Quiero perdonarte!”

Esta clase de amor es difícil de comprender. ¿Por qué alguien querría amarme y perdonarme siento yo tan imperfecto? El amor de Jesús supera todas nuestras expectativas e ideas.

El apóstol Pablo escribe esta carta a la iglesia de Corinto (presumo que porque identificó alguna necesidad particular en ellos) y les cuenta que él mismo ha identificado en él una gran debilidad, es decir, algo que lo lleva a hacer cosas que lo alejan de Jesús. Quizás erróneamente hemos enseñado que tenemos que ser santos para venir a Jesús; la realidad es que la santidad es el resultado de habernos separado en una vida agradable a Dios, y esto solo puede ocurrir luego de conocerle a Él.

Ahora bien, Pablo explica, además, que le pidió a Dios que le quitara esa debilidad, pero que Dios le dijo: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”. Suena contradictorio, quizás Dios quisiera quitarnos la debilidad. Tal vez sería mejor que quitara eso de nosotros y así no le daríamos problema. Sin embargo, Dios (que sus pensamientos son más altos que los nuestros) desea algo mucho mejor, desea que estemos cerca de Él.

¿Acaso no te has dado cuenta de que tu debilidad se convierte en esa necesidad que nos acerca a Dios?

Por muchos años intenté ser lo más correcta y perfecta que pudiera. En parte porque anhelaba agradar a Dios; en otra, porque eso me ponía en un buen lugar ante la gente. Pensaba que si sostenía una imagen correcta y de firmeza, entonces la gente sabría que yo era cristiana y me respetarían. Pero más que todas las cosas, quería ser aceptada, y al parecer la gente aprobaba solo a los que parecían perfectos. Pero cuando regresaba a mi casa, luego de ese festival de perfección, me daba cuenta de que en realidad era muy débil. Era débil en mi seguridad, en mis propias normas de santidad, en mis metas. Pero como a Pablo, Dios me hizo entender que mi debilidad era la clave para vivir una vida en santidad.

Cada vez que me sentía fuerte, presumía que no necesitaba orar tanto o ayunar un día a la semana. No valía la pena porque me sentía fuerte. No era hasta que volvía a mis conductas incorrectas que me daba cuenta de que yo de verdad necesitaba a Dios. ¡No sé porqué los cristianos se avergüenzan de necesitar a Dios! Lo que Pablo nos cuenta no es una excusa para pecar y salir corriendo a ser perdonados por Jesús, aunque estoy segura de que nos perdonaría. Lo que Pablo hace es invitarnos a reconocer que necesitamos de Dios, que sin su presencia y sin su amor no podemos lograr nada. Nuestras normas de santidad jamás serán como las suyas. Nosotros queremos acomodar todo a lo que nos gusta.

Pablo, cuando era llamado Saulo de Tarso y mataba a los cristianos, representaba una figura de autoridad. Todos le temían y lo respetaban porque sabían que tenía la sangre tan fría que podría acabar con ellos de una sola vez. Si Pablo no hubiera entendido que era en realidad débil, no hubiera aceptado el perdón de Jesús. Gracias a esto, nos enseñó que siendo un hombre débil, imperfecto y a veces de mal carácter, pudo ser uno de los grandes pilares del evangelio. ¿Sabes por qué? No por sus méritos, sino porque fue débil y no tuvo miedo de reconocerlo. Porque cada vez que reconocía que era débil, sabía que tenía hacia dónde correr: Jesús.

Hemos sido perdonados. Acepta que necesitas ser perdonado por Jesús.

Tuve un vecino que todos los días se paraba a la puerta de su casa al amanecer y gritaba: “¡Estoy vivo!” Este había sido afectado por una grave enfermedad y sabía que cada día era una oportunidad única. Un día, ya no pudo gritar más. Ese hombre ha sido ejemplo para mí en lo que es vivir el único día importante: hoy. ¿Sabes? Hemos tenido muchos ayeres y quizás Dios nos permita algunos otros mañanas, pero ningún día tiene tanto valor y fuerza como el día de hoy. Si nos proponemos cada día hacer un esfuerzo por honrar a Dios con nuestras acciones, será más fácil que planificar hacerlo durante todo un año. Porque día a día podemos construir un año, pero todo un año no se podrá construir en un solo día.

“Si es necesario gloriarme, me gloriaré en lo que es de mi debilidad.”

~Apóstol Pablo

No te afanes, no permitas que tu debilidad (ya sea el orgullo, la vanidad, el miedo o la pereza) te aleje de lo que es verdaderamente importante. Bástate en la gracia de nuestro Dios cada día, reconoce que lo necesitas y te aseguro que Él será el ancla que necesitas para sostenerte en este mar embravecido al que llamamos vida.

Solo tendrás el día de hoy para amar, para perdonar y para honrar.

Escrito por – Erika Guzmán

Comentarios

Una respuesta a “¡Que bueno que soy Debil! – Reflexión”

  1. deimar dice:

    muy lindo lo que as escrito, DIOS llene tu vida de muchas bendiciones a diario.

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