Iglesia | 08/Nov/16

Escuchar al pecado

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Te invitamos a leer esta reflexión acerca que realiza Félix Ortiz del Salmos 36. Es un buen recurso para compartir en un grupo pequeño:

El pecado habla al malvado en el fondo del corazón, el miedo a Dios no existe para él. Se enorgullece de sí mismo, incapaz de descubrir y odiar su culpa. Son sus palabras maldad y mentira, no quiere ser sensato ni obrar bien. En su cama maquina maldades, se aferra al mal camino, no rechaza la maldad.

Esta es la historia de mi vida porque soy plenamente consciente que el mal habita dentro de mí. El pecado, como muy bien indica el salmista- habla a mi corazón y, siguiendo las palabras de Santiago, el hermano de Jesús, pone en marcha todo un proceso de seducción. El pecado tiene una increíble capacidad de conectar a la perfección con mis instintos y deseos más bajos; sabe bien cómo apelar a los mismos e invitarme a la inmoralidad en el peor de los casos -lo que está en contra de la voluntad del Señor- o, a la amoralidad -aquella zona de ambigüedad en la que podemos jugar con el bien el y el mal-.

Al menos en mi experiencia personal he aprendido que el mal debe ser atajado en sus primero estadios. Si entro en diálogo con él, si escucho sus propuestas y sus argumentos… soy hombre muerto; su poder de seducción es demasiado grande para mí y tengo muchas posibilidades de caer en una espiral que me llevará a desobedecer al Señor y enfrentarme a Él. La estrategia para hacer frente al pecado consistiría en detectarlo y detenerlo justamente en los primeros estadios, cuando se acerca con su voz melosa y sus ofertas apetecibles. La forma práctica de canalizar esa estrategia consiste en iniciar un diálogo con el Señor acerca de las ofertas que el pecado trae a nuestro corazón, hablarlo con Él, expresarle la presión a la que nos vemos sometidos, invocar su ayuda y su presencia para hacer frente a esa realidad que nos puede destruir.

Estoy convencido que toda nuestra vida el pecado apelara a nuestros instintos y deseos. Eso, no podremos evitarlo, pero si podremos atajarlo en un saludable y constante diálogo con el Señor.

¿Cuán eficaz eres en detectar los acercamientos del pecado a tu corazón? ¿Cuánto oído le prestas’ ¿Cómo puedes iniciar un diálogo preventivo con el Señor?

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