Erika Guzmán | 14/Ene/14

A escondidas con Dios (en mi primer viaje misionero)

Nuestra colaboradora Erika Guzmán nos trae un hermoso escrito acerca de su experiencia en un viaje misionero, esperamos que pueda ser de ayuda para ti como lo fue para nosotros:

Hace unos días estuve realizando mi primer viaje misionero (definitvamente, el primero de muchos). Este fue en Guayubín, República Dominicana. Junto a un gran grupo de jóvenes y líderes pasamos las navidades sirviendo a esta comunidad, capacitando a maestros y pastores, ofreciendo talleres a jóvenes y matrimonios, haciendo sonreír a los niños y construyendo un área de juego y pupitres para ellos. Todos esos eran nuestros planes. Sabíamos lo que teníamos que hacer y estábamos preparados para ello. Sin embargo, jamás sospeché que Dios quería enseñarme tanto en aquel lugar.

Para aquellos que han hecho este tipo de viajes, saben que al cabo de unos días, cuando la emoción inicial mengua, tu corazón comienza a sentirse ansioso, temeroso y cansado.  Así me sentía yo. Me senté en el área de juegos para niños, que apenas estaba en proceso de construcción, y fue ahí que conocí a mi nuevo amigo, Christopher, un niño muy especial. Nos sentamos a hablar de muchos temas. Me sorprendió su madurez y su determinación cuando le pregunté qué quería ser cuando grande. “Ingeniero de construcción”, me dijo. “Para poder hacer estas cosas que ustedes hacen”, concluyó.  Le pregunté cuál era su juego favorito y me dijo que “escondida”. De seguro sabes de qué juego hablamos. Uno del grupo cuenta hasta 20 mientras los demás se esconden y el que contaba debe buscarlos. Al final gana el que logra que no lo encuentren y llegue al punto de partida sin que lo toquen. Quizás por la misma emoción del momento, le prometí que antes de irme de República Dominicana yo jugaría su juego favorito con él.

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