consejos | 15/Abr/16

Consejería, confidencialidad y chisme

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Te invitamos a leer esta reflexión acerca de la consejería, seguramente puede ser un buen recurso para compartir con los líderes del grupo:

La consejería es, sin duda alguna, una de las disciplinas del líder juvenil más nobles que existen. Esta busca escuchar para ayudar, enterarse para dar respuesta y saber para poner en perspectiva las cosas que nuestros aconsejados experimentan.

El consejero tiene tanta información que entonces se vuelve más efectivo, aborda con mayor exactitud las situaciones y puede encontrar de una mejor manera las respuestas que Dios quiere darle a cada joven.

Ser consejero brinda una gran satisfacción; no solo por poder ayudar, sino por tanta confianza que las personas han puesto sobre nosotros.

¡Líderes! sabemos mucho, quizás demasiado. Toda esa información está constantemente deseando salir y compartirla a otros. Tenemos más que una satisfacción, una enorme responsabilidad. Y es que uno de los desaciertos que sufrimos en la consejería, no importa en qué parte del mundo estés, es la falta de disciplina para guardar en nuestro corazón tantas cosas que hemos escuchado.

El chisme está presente y al acecho siempre que escuchemos cosas que una persona decide compartir con nosotros. El chisme rara vez viene con su traje de mala intención, o la típica imagen de alguien quien mira de reojo mientras da la información al oído de otra persona. Lo más probable es que el chisme que veamos más a menudo se de en medio de una conversación casual, donde simplemente comparto cosas que, en honor a la verdad, no me importan, y no deberían importarle tampoco al receptor de la misma.

La Biblia nos recuerda que «En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto» (Proverbios 18.21 NVI)

Posiblemente escuchaste este verso en un contexto más de iglesia, pero en la consejería es una verdad absoluta y recurrente. Lo que hagas con la información que alguien más confía en tí, será una carga en tus hombros, que deberás decidir si quieres o no llevar. Tendrás la capacidad de dar vida con tu lengua o de quitarla.

¿Sabes cuántas personas están hoy fuera de la iglesia porque un día se desenamoraron de ella cuando alguien les falló y comenzó un rumor? Yo tampoco lo se, pero escucho demasiados casos cuando el consejero ha fallado y ha hablado imprudentemente más de lo que debía. La Biblia dice que «quienes aman la lengua» comerán de ese fruto, para bien o para mal.

Los consejeros no podemos darnos el derecho a compartir lo que hemos escuchado. Lo que nosotros llamamos confidencialidad, en otros círculos se le llama secreto profesional, y es tan serio que puedes ir a la cárcel si dices cosas que no debiste decir. Así de serio se toman en otros círculos ¿Por qué nosotros no?

Y si llegaste hasta acá en la lectura permíteme decirte esto con mucho amor: No importa la intención que tengas. Si diste información a otra persona que no tenía porqué tenerla, acabas de chismear. Y créeme que tu reputación acaba de sufrir por eso. Cuídate, cuida a tus aconsejados y cuida el nombre de Jesús. Quienes hemos confiado nuestra vida a Él en arrepentimiento y fe, debemos caracterizarnos porque somos confiables, prudentes y definitivamente no chismosos.

Te dejo con unas preguntas sencillas que te pueden hacer reflexionar un poco. No seas una víctima más de la distracción y la falta de propósito. Cuida lo que dices. Piensa antes de hablar. Se intencional en convertirte en una persona que habla palabras que dan vida.

¿CÓMO ME DOY CUENTA QUÉ DEBO Y QUÉ NO DEBO CONTAR?

¿Me lo contaron en confidencialidad? ¿La persona que te contó sus cosas lo hizo en medio de otras tantas que podían escuchar o te llevó aparte y de lo dijo solo a ti?

¿Me dieron permiso? ¿La persona que te contó sus cosas te dijo expresamente que estaba bien decirlo a otros?

¿Querrá que otros lo sepan? ¿La persona que te contó sus cosas estaría complacida en que alguien más, que ni siquiera le conoce, sepa sus secretos? Recuerda que esta persona te lo contó porque confía en ti. No en los demás. En ti. Honra ese privilegio.

Que Dios te de una fuerte dosis de autocontrol con el cual puedas alabarlo a Él, respetar a otros y edificar tu vida.

Fuente – Líder Juvenil 

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