articulos | 14/Jun/19

¿Cuantos megabytes hay entre tu hijo y tú?

En el siglo XXI, donde los adolescentes son «nativos digitales» y los padres apenas «migrantes» en el mundo del big data y las redes sociales, la interacción cara a cara, el conversar y dedicar tiempo de calidad a los pequeños y jóvenes no es una opción, es LA OPCIÓN.

Si en el siglo XX los comentaristas hablaban de una brecha digital, enfocada en la línea económica y que aún existe, la brecha digital del siglo XXI, dicen los investigadores, va más allá, pues separa a los padres de los hijos».

Ya no sorprende que, como «habilidad» incorporada, niños de meses entiendan la lógica de una pantalla táctil y el móvil sea uno de esos objetos siempre a mano, casi a la par del biberón. Y es un asunto tan naturalizado que preocupa.

Las investigaciones dirigidas en el mundo a profundizar sobre la interacción entre niños y adolescentes con las tecnologías arrojan datos que hablan por sí mismos: con solo dos años de edad el 40 % de los niños ya «manipula» con facilidad el móvil o la tableta para ver dibujos animados o jugar. A los ocho, el 72 % maneja sin dificultad las nuevas tecnologías, proporción que asciende al 80 % en el caso de los adolescentes entre diez y 15 años.

Nadie niega las ventajas para informar y comunicar, características que acompañan estas tecnologías, pero cambiamos de niñeras de carne y hueso a niñeras digitales.

INFANCIA EN RIESGO

No es fortuito que, desde diversos escenarios, como la Organización Mundial de la Salud, cada día, y con mayor frecuencia, se emitan numerosas alertas.

El organismo internacional anunció recientemente en sus nuevas directrices sobre actividad física, sedentarismo y sueño para niños menores de cinco años, elaboradas por un comité de expertos, que, para crecer sanos, los menores deben pasar menos tiempo sentados mirando pantallas o sujetos en carritos y asientos, dormir mejor y tener más tiempo para jugar activamente.

Para la profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Roxanne Castellanos, la relación de los niños y adolescentes con el mundo digital es un problema frecuente en los servicios de salud mental infanto-juveniles. «Aunque se advierte preocupación por parte de muchas familias, sigue faltando suficiente información que sirva a los fines de orientar y prevenir afectaciones psicológicas».

En el caso de los videojuegos, cuya adicción ha sido clasificada por la OMS como un trastorno mental, la psicóloga insistió en que estos ofrecen la información pertinente sobre la edad para la que han sido diseñados. «El consumo temprano de este tipo de video juegos puede desarrollar insensibilidad con el sufrimiento ajeno y fácil tendencia a la transgresión de las normas sociales», explicó.

«Cuando los niños invierten mucho tiempo con video juegos pueden, según los contenidos con los que interactúan, presentar síntomas de afectación emocional. Son frecuentes los cuadros de mucha ansiedad, alteraciones del sueño, pesadillas, miedos, entre otros», destacó.

Para la profesora, los padres deben conocer que las cuentas de correo, de Internet y los perfiles para redes sociales como Facebook tienen una edad límite, casi siempre superior a los 14 años. Igualmente, sobre la tenencia de teléfonos celulares, el consenso internacional se ubica entre los 12 y 14 años.

«Todo esto es esencialmente para la protección de la infancia. Es importante que se tenga en cuenta».

En su texto, la doctora Castellanos llamó a tener conciencia sobre los riesgos a los que se enfrenta un adolescente cuando usa Internet libremente. «Está expuesto a todo tipo de relaciones, actividades autonocivas, posibilidad de manipulaciones psicológicas y daño mental.

ACORTAR LA BRECHA DE LA COMUNICACIÓN

Un punto de alarma para la psicología  es el rol de los padres y tutores en ese entorno, pues «los niños no tienen la capacidad de advertir todas estas cuestiones antes explicadas, de ahí que los adultos son los encargados de sus cuidados y protección.

«Es nuestra responsabilidad conocer a qué juegan, mediar en sus elecciones y regular el tiempo que dedican a ello, así como proporcionarles otros espacios y actividades para la diversión y el entretenimiento», dijo.

En ese sentido, mencionó que «los adolescentes pueden pedir privacidad, pero este derecho es relativo según la madurez que tengan. La comunicación entre padres e hijos es la mejor herramienta para, sin tener que revisar el teléfono, estar al tanto de lo que están haciendo en su tiempo libre y poder aconsejarlos oportunamente».

Ganar cultura sobre estos temas es también responsabilidad de maestros y de la sociedad en general, en aras de prevenir afectaciones del bienestar psicológico de nuestros hijos.

la interacción cara a cara, el conversar y dedicar tiempo de calidad a los pequeños y jóvenes de casa es un imperativo. Sus conflictos en la vida cotidiana y virtual, difícilmente encuentren en un «emoji» el certero apoyo de un abrazo real.

Aprende de redes y tecnología, pero aprende más de tiempo real y físico.

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