liderazgo | 28/Mar/16

Dos suegras, dos caminos

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Lee este artículo que comparte la revista líder Juvenil en su reciente número, escrito por Annette Gulick acerca de la autoridad vs poder, un excelente recurso para compartir con los líderes en el grupo:

Te quiero contar la historia de dos noviazgos, con la suegra como personaje central:

A la madre de Catalina le preocupaba que su única hija fuera demasiado exigente en cuanto a los pretendientes, hasta que conoció al novio con quien se comprometió. Con una barba de candado y unos piercings, él tenía un look poco convencional. Además Catalina le llevaba nueve años. Ella era una profesional respetada en su área, mientras él todavía estudiaba en la universidad.

Por el contrario, la novia de Ricardo era casi perfecta: culta, linda, inteligente, amable, y provenía de una familia de empresarios importantes de origen Japonés, no-religiosos. La familia de Ricardo, en cambio, era cristiana, su padre tuvo un cargo ministerial importante, así que, cuando Ricardo intentó llevar a su novia japonesa a casa para conocer a la familia y festejar la navidad, su madre le dijo que no. Ella argumentó que no quería celebrar algo tan significativo con un no creyente, pero en esta negación de la hospitalidad, dio a entender que la chica no era bienvenida en la familia.

COMO LÍDER JUVENIL MUCHAS VECES HE HECHO LO MISMO:

He retenido mi cariño y atención a personas que han tomado decisiones que no me agradan. En su momento pensé, igual como la madre de Ricardo, que yo tenía la razón y solamente buscaba el bienestar de la otra persona. Pero confieso que mi “amor” se mezclaba con juicio, orgullo, impaciencia que me llevaba a querer controlarles en vez de tratarles con la paciencia y gracia que Dios me muestra a mí.

No es fácil manejar la autoridad —la que tenemos y la que no— pero me han sido muy útiles las aportaciones del autor y conferencista norteamericano Andy Crouch al respecto.

Crouch define a la autoridad como la capacidad de realizar actividades significativas. A diferencia de todo lo demás de la creación, las decisiones del ser humano tienen un peso moral y los efectos pueden durar por toda la eternidad. En esto reflejamos la imagen de Dios. Pero Crouch demuestra que solamente llegamos a la plenitud de quién es Dios cuando, además de ejercer nuestra autoridad, somos vulnerables.

Esta vulnerabilidad no es ni el conformismo, ni la pasividad, sino estar expuesto a riesgos significativos. Aunque el novio de Catalina no era del tipo que la madre hubiera elegido, ella se esforzó en conocer al novio y en construir una relación con él. Esta decisión la hizo vulnerable al chisme y la crítica de los miembros de la congregación que su marido pastoreaba, y a la posibilidad de aceptar a alguien aparentemente poco adecuado como marido para su hija, entre otras cosas.

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